Se notaba que era la segunda semana del programa Hermitage Escuela de Educadores. Enseguida nos sentimos en casa. La primera semana en Miraflores nos ayudó a conectar entre nosotros, a experimentar la misma humanidad que compartimos.
Ahora, en Valladolid, fuera hacía un viento congelador, la lluvia era fiel compañera, el sol buscaba ocultarse, y eso nos ayudaba a sentir el calor de la casa, a profundizar en nuestro interior, a apreciar muchos gestos de familia.
Los contenidos formativos giraron en torno a estos cuatro ejes: Identidad Psicológica, Identidad Espiritual, Identidad Marista y Misión Marista.
La metodología, activa, con tiempos de interiorización y de compartir en grupo.
Tiempos para el Amanecer, la Bioenergética, la Celebración, la fiesta.
También tuvimos unas horas para visitar el centro de Valladolid donde la lluvia siguió acompañándonos, pero no pudo con el buen ambiente y la positividad del grupo.
Y cuando nos dábamos el abrazo del adiós, la nieve hizo su aparición, pero horas después cada uno en su lugar de origen sentíamos la satisfacción de una semana que deja huella.