Entre el 7 y el 13 de julio, 38 educadores y 6 formadores maristas recorrieron los caminos, sendas y veredas por donde Marcelino Champagnat anduvo durante la mayor parte de su vida. Fueron días de descubrimiento y mucha emoción, con los que estos educadores cerraban la etapa de su formación inicial. Fueron días para la reflexión y el recuerdo de lo que había significado para cada uno de ellos su paso por el HEE. Jornadas para la convivencia, tiempo de reencuentro, ocasión para conocer y evidenciar, no solo lugares, sino también, personas, hechos y acontecimientos, la VIDA misma.
El Amanecer a la Vida, la Hora 00, la reflexión personal, el grupo pequeño y los momentos de ocio los devolvieron a las cuatro semanas vividas en el HEE.
El primer día, después de la llegada, sirvió para ir descubriendo la casa y su entorno a los visitantes: el dormitorio del P. Champagnat, la sala de los frescos, la sala de la misión, la capilla, el Gier, la capilla del bosque, el cementerio, la roca, el paseo de los plátanos y demás estancias y lugares se convirtieron, a partir de entonces, en lugares de charla, de silencio, de oración y recuerdo. Dejaron de ser historia para convertirse en viva realidad.
La visita a la casa de La Vallá, con sus tres estancias llenas de significado, la oración en la capilla de Nôtre Dame de Pitié, recordando las palabras de Champagnat ante la escasez de vocaciones: “Es tu obra, tú nos has reunido…”
El encuentro en Rosey y la apasionada explicación de los HH. de la comunidad sobre el lugar; Marlhes y la iglesia donde fue bautizado Marcelino; Le Bessat, Les Palais y el recuerdo de Montagne; el sendero hasta el Hermitage, para rememorar las dificultades, padecimientos y sudores que Marcelino y los HH. pasaron por esos caminos pedregosos y llenos de obstáculos.
El santuario de Nuestra Señora de Fourvière, en Lyon, lugar cargado de significado para los Maristas, la participación en la Eucaristía, junto a las gentes de la zona, en la capilla del Hermitage, y la celebración en la tarde del domingo cerraron estos días intensos y llenos de alegría y satisfacción.
Y, después del Hermitage, ¿qué? Pues seguirá acompañando a los peregrinos el silencio del valle, el rumor del Gier, el fresco de la mañana y el atardecer, el mecer de las hojas de los árboles, cortó la roca, hizo hermanos levantando una casa…, pero, sobre todo seguirá resonando el mensaje de Marcelino, de rabiosa actualidad permanente, “NECESITAMOS MARISTAS” para llevar la Buena Noticia a los niños y jóvenes de hoy, para decirles que “Jesús y María los quieren mucho a todos, a los que son buenos , porque se parecen a Jesús Cristo, que es infinitamente bueno, a los que aún no lo son, porque llegarán a serlo”, para ayudarlos a encontrar su sitio en la Vida.