Cada año nos sorprende Josean, no sabe repetirse. En la dinámica de estos tres días y basados en los chacras como centros de energía y desde la meditación, el lenguaje artístico, el trabajo corporal, el contraste de luz y sombras, los tiempos de silencio, el dejarnos caer en lo profundo; hemos experimentado esa conexión dinámica con nuestro ser original.
El cuidado de Josean con los símbolos, la belleza, los juegos con la luz, la perfección en los detalles hace que la experiencia vivida sea inolvidable.
Estábamos con un profesor que además de las matemáticas lleva a las clases y anima los procesos de interioridad en su centro y vuelca su creatividad en numerosas publicaciones.
La inquietud de los participantes era cómo poder llevar al aula algunas, al menos, de las dinámicas practicadas y cómo en el día a día poder personalmente encarnar aquello que cada uno intuye como más valioso para sí mismo.
El tiempo en Burgos estuvo de nuestra parte y por la noche nos iluminaban los fuegos artificiales.
El ambiente de convivencia, creatividad y sintonía hacía juego con lo vivido en el curso.